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Cincuenta años no es nada…

Cincuenta años no es nada…

Presentan la primera traducción directa del ruso de "Doctor Zhivago"

Han tenido que pasar cincuenta años para que se tradujese directamente del ruso la que es considerada como la mejor novela rusa del siglo XX, Doctor Zhivago. La traducción que ha circulado en español durante estas cinco décadas procedía del italiano, y como todas las traducciones realizadas a través de una lengua intermedia, siempre fue origen de una cierta desconfianza entre los lectores, no ya porque el traductor final puede recoger e incluso aumentar los errores del traductor intermedio, sino porque es muy probable que sea experto en la cultura de la lengua de la que traduce –en este caso el italiano- y desconozca bastante la cultura de la lengua original de la obra.

Para la presentación de la traducción estuvieron en España el propio hijo del autor acompañado de otros familiares.  La obra fue prohibida en la Unión Soviética y cuando, tras muchas trabas, pudo por fin ser publicada por primera vez -en Italia-, su autor, Boris Pasternak, sufrió duramente la represión del régimen, hasta tal punto que tuvo que rechazar el premio Nobel que le fue concedido en 1958.

Pero no sería hasta 1965, cinco años después de la muerte de su autor, cuando la obra adquiriría fama mundial, gracias a la película de David Lean, versión cinematográfica de esa epopeya de amores ilícitos ambientada en la estepa rusa en plena revolución bolchevique.

Lo de estepa rusa es un decir, ya que, como casi todo el mundo sabe, fue grabada en plena “estepa soriana” y las calles de Moscú reproducidas faraónicamente en Madrid. Las anécdotas del rodaje de este clásico del cine darían para toda una enciclopedia.

Más de 800 obreros tardaron seis meses en construir en el barrio madrileño de Canillas un inmenso decorado para reproducir las calles céntricas de Moscú.

Se eligió la provincia de Soria porque era la llanura de Europa Occidental más fría y con más nieve. Pues bien, aquel año no cayó ni un copo de nieve, así que el productor, Carlo Ponti, decidió construir un decorado majestuoso de una estepa nevada a base de toneladas de polvo de mármol, sal, escayola y plásticos extendidos en la lejanía así como cubos de cera derretida para recrear los carámbanos en los tejados. Para colmo, se les echó el verano encima y tuvieron que rodar con abrigos de piel y caftanes a temperaturas superiores a 40 grados.

La estación de Soria se convirtió en una estación rusa, toda llena de soldados de la revolución, hoces y martillos, fotografías de Lenin y rótulos en cirílico. Cuentan que una pareja que iba de viaje de novios a Barcelona, sin saber nada del rodaje, se llevaron el mayor susto de su vida al ver semejante parafernalia. Pero peor lo debió pasar un aldeano de Almazán, que cuando su tren llegó a la estación vio como una muchedumbre cantaba la internacional blandiendo banderas bolcheviques. En la España de los años 60, era difícil que un soriano de toda la vida resistiera eso y el pobre labriego murió en el mismo andén, cubierto por la bandera de la hoz y el martillo.

También se dice que algunos de los extras que cantaban la Internacional con demasiado énfasis fueron llamados al orden, y no precisamente por el director de la peli…

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