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Cuando el gato duerme, los ratones bailan…

Cuando el gato duerme, los ratones bailan…

Este dicho, existente en todas las lenguas con alguna que otra variante (cuando el gato no está, los ratones se divierten, por ejemplo), en francés tiene más gracia todavía, ya que forma un sutil juego de palabras. "Quand le chat dort, les souris dansent", que al pronunciarlo suena igual a «Quand le tchador, les houris dansent », es decir “cuando el chador, las huríes bailan”.

Pero no es éste el pie de foto más correcto para esta imagen, ya que el gato no está dormido, sino muerto; y los ratones no están bailando, sino que van arrastrándolo en un trineo para enterrarlo.

La foto está tomada en el museo del juguete tradicional de la ciudad rusa de Sergiev Possad, en la época soviética llamada Zagorsk, situada a unos sesenta kms al norte de Moscú y también conocida como el “vaticano ruso”, dada la espectacularidad de sus construcciones religiosas, casi comparables con las del Kremlin de Moscú.

Aunque en su tiempo no se le dio ninguna interpretación, se trata de una alegoría de la muerte del zar Pedro el Grande, realizada toda ella en madera tallada y en la que aparece un enorme gato -obviamente el zar-, arrastrado por docenas de ratones -obviamente el pueblo, más concretamente los cristianos viejos, a los que el zar siempre persiguió con saña-. En la foto, por razones de espacio, sólo aparecen unos pocos, pero en total son 66 ratones. El entierro del gato por parte de los ratones es un motivo muy utilizado en el arte popular ruso, concretamente en los lubok, unas tablillas de madera sobre las que se grababan viñetas que posteriormente se coloreaban y que podrían ser considerados los predecesores de las historietas gráficas o cómics. Esta es la única representación en madera tallada de este popular chascarrillo.

El gato, a pesar de estar muerto, va atado y bien atado. Unos ratones llevan comida, otros tocan instrumentos musicales, otros llevan palas y todos tienen un semblante alegre, formando una procesión saltarina y divertida.

A este zar, uno de los monarcas europeos más singulares, se le llamaba el Grande no sólo por su gran estatura (más de dos metros) sino porque todo lo hizo a lo grande. Fue el gran reformador del Estado ruso, occidentalizándolo y modernizándolo. Pero al mismo tiempo fue sangriento –mató a su propio hijo- reprimiendo duramente todo tipo de protestas. Pero su gran obra fue una de las ciudades más fascinantes del mundo, San Petersburgo, la Venecia del Norte, que él mismo diseño y planificó personalmente. En su construcción intervinieron unos cuantos arquitectos italianos, que dejarían para la posteridad calles y edificios de gran espectacularidad.

Pero de eso ya se hablará otro día…

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2 comentarios

Jarritabis -

Si los humanos hablasen, los gatos maullarían, y los ratones comerían erqué

Gatuna -

Siempre:"el pez grande se come al pequeñito.......".....pero los peque son más............
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